Unsettling the Museum
Andrea Giunta

La ubicuidad, el filtrado, el desacomodamiento describen muchas de las prácticas que se perciben en la escena artística de Buenos Aires. Una crítica institucional distinta a aquella que siguió a la crisis económica y social del 2001, en la que el artista colectivizó sus prácticas en la escena urbana y en las asambleas. En este momento no se percibe dicha urgencia. Se trata, más exactamente, de un arte localizado, no tanto por sus contenidos políticos o formas de producción colectivas, sino por las acciones colaborativas que van tejiendo redes entre espacios, entre funciones, entre artistas. Colaboración más que colectivo; prácticas asociativas más que activismo.

Algunos artistas de Buenos Aires han decidido demorar el tiempo, demorar los museos, demorar la historia de las obras del arte local. Ciertas palabras (no conceptos) pueden aproximarnos al clima de esta situación. El artista multifunción; la entrada alterna a la institución museográfica (no centrada en el muro, sino en los intersticios, filtrando el cubo blanco); la captura de espacios insólitos de la ciudad para mutarlos transitoriamente en espacios de exposición; el traslado de espacios domésticos o laborales a las instituciones del arte; la demora que produce la repetición respecto de una acción lineal, progresiva o con desenlace; el retardamiento tecnológico que escenifica el diálogo entre tecnologías y la constante conversión entre lo analógico y lo digital; la implementación del borramiento, del desplazamiento, del desacostumbramiento; las citas de distintas tradiciones de la pintura local; la activación de textos y de repertorios visuales. Son obras que interrogan el pasado y el presente de una forma peculiar: no desde la lógica del memorial sino de la del post it, de la nota que recuerda, asocia y crea desde el detalle de la tarea cotidiana.

Guido Ignatti interviene de muchas maneras en esta forma de entender las prácticas artísticas. El es editor, montajista, curador, gestor cultural, escritor, y es muchas otras cosas que realiza precedidas, siempre, de la palabra artista. Como artista multifunción cubre la red completa de aquello que Pierre Bourdieu describió como campo intelectual o artístico: se despliega en todos los roles que establecen la legitimidad y el estatuto de una obra de arte. Tal versatilidad se inscribe también en la decisión política de arrebatar una cuota del poder del mundo del arte. En lugar de denunciar a las instituciones o cuestionar los discursos de la crítica, los interviene desde adentro. Así fue parte del equipo editor de la revista Sauna -que en sus 33 números se metió activamente en distintos debates del mundo del arte- instaló y curó exposiciones, y actualmente integra el proyecto Bonzo, que crea espacios de exhibición en edificios a punto de demolición. Lo inesperado produce ideas nuevas.

Las cuatro instalaciones que presenta en el espacio del MCA Denver proponen intervenir el sentido que el espacio institucional porta. No Matter Painting distorsiona el hacer manual de la pintura por el diseño en computadora. Un diseño, en principio, frío, que adquiere temperatura por la organicidad de la madera sobre la que se proyectan las imágenes que adquieren, así, una nueva vida. Son diseños que apelan también a la tradición del arte argentino. A aquel movimiento abstracto de posguerra, el Perceptismo (1947) de Raúl Lozza, que desde Buenos Aires buscaba mantener activo el imaginario de futuro que Europa no podía sostener. Las líneas y trazados, incluso los colores, evocan ese universo abstracto en el que el plan, el protocolo y el método aspiraban a universalizar las formas para producir un arte con sistema. Ignatti desdobla el proceso de Lozza interrogando las formas perfectas, desde los métodos de producción digital y lo intercepta desde la vida misma, la de la madera cepillada, pero con su trama visible.

La vida vegetal toma el primer plano en Recovery Systems in Face of Catastrophe, un patio simulado de plantas con macetas destruidas. Una catástrofe que Ignatti rescata, de algun modo, sosteniendo y disciplinando sus tallos para que, nuevamente erguidas, las plantas puedan seguir creciendo. Se trata, en un sentido, de un dispositivo biopolítico. Una red de tensores vibra entre la intensidad de la vegetación disciplinada en función de la reproducción de la vida. Y se trata, también, de una instalación que delega en el museo la responsabilidad de mantenerla con vida.

Whitewash apenas nos deja percibir que allí hubo algo. La pared cubierta de cal recuerda la economía urbana del muro escrito y blanqueado infinitamente. Y remite también a la larga tradición de la censura urbana con episodios fuertes en América latina y en todo el mundo. Se cubre aquí –lo sabemos porque nos lo revela el artista—un texto ligado a la condena social y al amor homosexual. La fuerza de una palabra despectiva, puto, tensada entre el rechazo y el enamoramiento. La obra se vincula, en un sentido, al acto de ocultamiento en el que Ignatti compactó la tarea de escribir un texto, por primera vez, en una máquina de escribir y no en una computadora. Todas las pruebas, todos los borradores que hizo durante tres jornadas de escritura, quedaron ocultos en el enmarcado en el que apenas puede leerse el texto “La experiencia no puede transferirse” (&Now Festival, CalArts, 2015).

Locked Room interroga la definición más básica del museo como espacio de exhibición. Las maderas cruzadas y las luces ocupan la totalidad de una sala a la que no podemos acceder. Solo vislumbramos desde dos zonas abiertas qué es lo que allí sucede. Se restringe así la posibilidad del museo de exhibir y la del público de recorrer el espacio. Queda instalada la pregunta sobre la función de la institución y del espectador. Un interrogante en el que ambos recobran su rol: hacer pensar y poder pensar. El museo como espacio de conocimiento y no de exhibición de objetos.

En la exposición Guido Ignatti: Setup, se problematiza todo el sistema del arte. Se interfiere la naturalidad de la exposición de pinturas; se establecen normas de preservación de la naturaleza convertida en arte; se importa el mensaje de la calle en el formato del mural interno; se obtura el espacio de una sala impidiendo entrar y llevándonos a imaginar aquello a lo que no podemos acceder. En un sentido, las interferencias en la naturaleza misma del espacio del museo apuntan a la descolonización de sus parámetros. Algo que Guido Ignatti viene haciendo intensamente en la lógica del mundo del arte en Buenos Aires. Se trata de la política como administración del sentido, como práctica resistente que desplaza funciones, las compacta y las redistribuye para gestar un conocimiento distinto. Y también para entregar la responsabilidad al museo y al espectador de encontrar en estas propuestas enigmáticas su propio rol, sus propias preguntas, sus propios deseos.

GUIDO IGNATTI: SETUP