“LO MISMO, SU ECO, SU SOMBRA”

Hernán Soriano y Guido Ignatti
Curado por Mariano Soto

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Lo mismo, su eco, su sombra.

“Habrá infinitos mundos idénticos, infinitos mundos ligeramente variados, infinitos mundos diferentes.” La trama celeste, Adolfo Bioy Casares.

Resuena cierta tensión espacial, abstracta, ambigua, como tejida de pequeñas inexactitudes, de corrimientos sutiles, pero también de ajustes sorpresivos e innecesarios.
En la construcción de un espacio paralelo con realidades, circulaciones y códigos de habitabilidad superpuestos, el hecho artístico se traspasa al espectador, al que mira, al que recorre ese espacio, convirtiéndolo en catalizador, en el Capitán Morris del cuento de Bioy. ¿Cómo reaccionaríamos si al despertar una mañana nos encontráramos con una realidad física ligeramente alterada?, y lo peor ¿qué pasaría si ese ligeramente fuera la prueba irrefutable de que no somos ya quiénes y cómo éramos la noche anterior?

Entremos a la sala. Agucemos los sentidos. Veremos asomar guiños literarios donde lo ficcional se pone de uno y otro lado de la pared, alternadamente. Ficción por delante o ficción por detrás, pero al final lo que prevalece va más allá del cuento. El señalamiento principal pone el dedo en lo presente, en lo residual, en las presencias como huellas, en la posibilidad de la multiplicidad… y en el regodeo en ella.
Aquel “montaje de tiempos heterogéneos” del que habla Didi-Huberman, y que se me antoja (Bioy nos lleva irremediablemente a Borges, y éste punto sería un buen tema al que volver en clave estética una y otra vez) tan central en la producción artística contemporánea, es un buen punto para detenerse a observar y pensar. ¿Qué posibilidades de ser leído y clasificado temporalmente tendrá en el futuro nuestro legado de imágenes contemporáneo, fábrica de citas y re-visitas del pasado artístico, rey indiscutido de la pos producción, el ensamble y el object trouvé?

Pero ése no era el punto, aunque ayude a potenciarlo y darle densidad. El punto es el espacio en sí, la referencia a él, a los modos de habitarlo y sus derroteros; su condición de vórtice de tiempos yuxtapuestos. Es aquí y ahora donde la irrupción de Ignatti y de Soriano convierte la densidad semántica (y ya altamente citacionista) del estilo Belle Epóque en sombras desclasadas, en artefactos irracionalmente inútiles como eco de realidades abandonadas: un espejo retrovisor donde asomarse a la mismidad de las cosas y a nuestro torpe circular entre ellas.

Mariano Soto

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Espacio de arte de Fundación OSDE
ph: Gustavo Barugel