LA CONSULTA

Curada por Teo Wainfred, la exhibición surge en relación directa con el espacio que la alberga. Insinuaciones latentes dan comienzo a la reconstrucción, y posterior destrucción, de un espacio de tránsito estanco: la sala de espera. Desamorada estilísticamente, vaciada de contenido afectivo es igualmente eficaz para descubrir la imagen de una artista hoy olvidada, destinada a espacios donde el estatus de la obra es el mismo que el de un potus. El arte como moda pasado de moda, las reproducciones y el depósito contemporáneo camuflado en los espacios cotidianos sin importancia.
En un juego ambiguo de presentación y representación, el sopor y el tiempo paralizado exponen a la nueva pintura para salas de espera.

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No está bueno.
En el acopio de cosas útiles despojadas de su función específica, late una muerte que nadie quiere mirar a los ojos.
Principio que atenta contra toda noción higiénica del mundo.
Corren tiempos de post-reciclado. Ya se ha descartado muy por sobre nuestra propia capacidad de reabsorción.
La escena se reinventa con material en desuso.
No hablamos de arte povera. Tampoco de neo trash.
La riqueza se ha apropiado de este lenguaje y lo escandaliza en público, flirteando con sus rasgos más posados y extravagantes.
Cosa vieja. Los 80 ya cargaron las tintas desde el fashion con sus discursos sobre el desastre, ponderando la próxima catástrofe.

La historia, en esto, no solo no ha muerto. Ni se ha mosqueado.
Se sigue imprimiendo pasivamente como discurso hegemónico y cada tanto, muy cada tanto, irrumpe en su escenario el índice revolucionario de alguna minoría que la demarca y alimenta.
No somos tan jóvenes como para pensar que la humanidad desaparecería si no estuviéramos aquí para habitarla.
En medio de las nuevas formas de ecología global, jubilamos también el pensamiento de una época que se ha empeñado en egocentrarlo todo, incluso nuestro pasaje privado por la tierra.

Pero es el artista quien sigue autorizando en público lo que va quedando de ciertas acciones, los objetos que envejecen prematuramente y los gestos de una época que caducan antes de que su instrumental perezca.
Quizá sea por ahí, por donde se pueda espiar la acción de Guido Ignatti. Por incompleta, por absurda, por huérfana de relato.
Desplazar la mirada una vez mas sobre un final que nada tiene de apocalíptico. Que da cuenta de la posible vida que germinará en el tronco podrido del árbol muerto.
Para eso sí, no somos lo suficientemente viejos.
Somos imprescindibles. Y quizá ni nos toque imaginar el nacimiento del próximo germen. Para eso está la mirada profética, política y poética del artista. Para crear la próxima novedad que ahí mismo irrumpe, en el instante en el que empieza a ser contada.

Teo Wainfred

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La pintura copiada es una obra de Mariette Lydis de 1962
Nora Fisch Arte Contemporáneo
Del 8 de junio al 15 de julio de 2012