02 BALNEARIO

Artistas: Marcos López, Julián D’Angiolillo, Paula Senderowicz, Daniel Basso, Marino Balbuena, Javier Barilaro, Guido Ignatti y Gustavo Giannuzzi.
Curado por Alejandro Somaschini

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"Según los cronistas de entonces, el 11 de diciembre de 1918 fue un día sofocante. Hacia la ribera del Plata se dirigían filas de coches de plaza y automóviles descapotados, los que al llegar circulaban por la playa. Señoras de largos vestidos y caballeros de formal atuendo, con sus cabezas cubiertas por ranchos, bombines y hasta galeras, se descalzaban y caminaban, zapatos en mano, por la vera del río. Aproximadamente a las tres de la tarde, los presentes se agolpaban en la rambla. Ya congregados, el bautismo fue anticipado: el cielo se cubrió totalmente y cayó un súbito chaparrón. Sin embargo, la concurrencia permaneció en su sitio, tal era el entusiasmo. Luego de que la Banda Municipal ejecutara el Himno Nacional, monseñor Alberti bendijo las aguas. En medio de grandes aplausos, los funcionarios iniciaron el retorno mientras atronaba el aire una salva de veintiún cañonazos y una multitud calculada en más de cien mil personas invadió rápidamente las explanadas, al ser habilitado el Balneario Municipal".
Abordar la temática balnearios en una zona donde en algún momento funcionó el primer balneario de Buenos Aires es pertinente. Más aún porque esta exhibición se monta en un edificio que fue construido específicamente y en función de aquellos paseantes que, entre chapuzón y chapuzón, visitaban la confitería, tomaban una cerveza fría y disfrutaban de una gran vista panorámica hacia el río.
¿Pero qué pasa con esta situación si ese balneario no existe más y en su lugar encontramos pasto seco y tierra agrietada por el sol? ¿Es casualidad que este mismo edificio esté relacionado con la museología? Estamos rodeados de resabios o, al menos, de indicios de algo que, parece, fue maravilloso. "Construir estatuas y bustos de próceres solo para olvidarlos". Así pareciera ser la tónica. Ir abandonando sin que nadie se de cuenta. Entonces, inevitablemente, nos encontramos ante la alternativa del lamento o la nostalgia. ¿O será que en algún momento se planeó expulsar al río para luego subir a mirarlo irse desde las nuevas construcciones del Puerto?
Celebrar la tragedia. Es sólo una exhibición de arte.
Sin siquiera retomar el impotente deseo de pedirle al arte que interprete, rescate una temática o un espacio, las obras son invitadas a exponerse, al menos, a lo paradójico o directamente a lo absurdo. Es que inevitablemente ya estamos inmersos en esa jurisdicción.
Como en el teatro del absurdo, lo que ocurre en el escenario desborda y a menudo contradice las palabras pronunciadas por los actores. La situación inicial en que se hallan colocados los personajes basta para revelar sus sentimientos y está basada en la representación visual. Mientras la tragedia y la comedia anotan sus porotos en la torpe competencia del decir, el contexto sobrevuela al tablero, el edificio se come las obras y el pasto seco, sigue seco.
Entonces nosotros festejamos, tal vez como un ritual giramos en ronda al cadáver, meneamos nuestras polleras hawaianas y celebramos. Nos zambullimos en ese disparate y lo desplegamos. Jugamos alrededor de ciertos desfasajes que una situación de veraneo nos brinda junto a toda esa escenografía montada sólo por un par de meses.
Tal vez estaría bien hacer una fiesta playera en la Costanera Sur, chapotear en una pileta de lona, traer trajes de baño floreados, tomar tragos tropicales, que exista un bañero que rescata a una mujer de una pelopincho, colgar fotos de arquitecturas absurdas de la costa atlántica dibujadas sobre el tablero de algún pseudo arquitecto, poner un toldo de lona que no proteja nada del sol del verano. La Bristol ploteada en un trailer, un roadmovie costero fuera de temporada a la sombra de una palmera de fibrofácil, un sireno varado en el Río de la Plata.
Entonces que entre un tsunami al edificio y que una banda surfer nos haga bailar en sunga.!!!

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Potencia y señalamiento de la forma absurda

"¿Por qué ironizar esa forma al pedo?, como si no la juzgasen lo suficiente por lo que no es."
Tomas Tepp.

Juzgada o ignorada, relegada. Inútil. Bellísima por la ausencia de lógica. Lo que hará a la forma absurda resonar, será potenciar su esencia. Un toldo descontextualizado, que no puede operar por estar aplicado a ella, le sumará inutilidad. Ahora será observada y aceptada por ser más irracional de lo que siempre fue.

Guido Ignatti

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LA FORMA ABSURDA
105x405x85cm.
Pintura vinílica sobre lona vinílica, cemento y enredaderas.

VIDEO 1
VIDEO 2

La Munich Contemporánea
Del 13 de diciembre de 2008 al 22 de febrero de 2009