Brochure de la muestra de fin de año del Programa de Artistas y Curadores del 2013 del Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella.

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Fotos x RƎV

Julián León Camargo, comunidad y nada.
txt: Guido Ignatti

Hay historias detrás de todo. Algunas se conocen, ven la luz. Otras no corren esa suerte. Están detrás de lo que conocemos y de lo que no. Uno las excluye constantemente, pero eso no les quita relevancia. Solo están ocultas y por eso nos resultan inabordables. Detrás de lo que nos desinteresa también operan, son siempre absolutas e imperiosas a su modo. Pueden ser ajenas y seguir siendo necesarias.
Subyacen conectando a los individuos en un entramado que acciona sobre la afectación y el impacto mutuo. Entonces son un punto de partida. La plataforma de despegue de una nave en viaje hacia los otros.

La obra de Julián León Camargo para esta muestra en la UDT se enmarca entre la propia historia y la nada. Entre la posibilidad de hacer contacto y la negación de esa posibilidad. Hay un gran relato –y en este caso específico está basado en hechos reales– que estructuró su pensamiento y lo guió hacia lo que vemos. Y aunque no se perciba en la superficie de contacto con el exterior está operando. Es un relato sobre lo trunco, sobre proyectos que no fueron y de un episodio inconcluso en la vida de alguien.
Pero, en definitiva, qué nos importa todo esto a nosotros, a los espectadores. Si no lo conocemos, y quizá ni nos interese. Si no lo percibimos claramente ¿Qué nos importa? ¿O acaso, importa?
Importa que condujo a JLC hacia la nada, nuevamente allí, a ese viejo conocido al que nadie le vio la cara. Y será entonces que todo esto es una excusa para volver a transitar los caminos ya sabidos, los que no conducen a ninguna parte.

“La naturaleza aborrece el vacío” señaló Aristóteles en la Grecia Antigua, era inconcebible la inexistencia. Luego en el siglo XVII el físico von Guericke inventó la bomba de vacío y con el espacio libre de materia se creyó que era posible. Hoy se dice nuevamente que el viejo griego tenía razón. Aunque no haya materia, la supuesta nada está habitada de ondas magnéticas, campos gravitacionales, etc. Hay que estar fuera de todo lo conocido, no ser. El vacío absoluto no es posible en el universo que habitamos. No de un modo físico.
La nada desde lo filosófico es aún más difícil de abordar, cuanto más nos acercamos a la noción, más se aleja la respuesta, y se complejiza la relación con el enunciado.

Estamos ahora en el pabellón que no tiene nada que contar. Es la exhibición del dispositivo vacío, sin la crónica. La obra de JLC es la pequeña parte de un todo complejo y esa parte nutre la experiencia que no se constituye aquí. Si el vacío posee una propiedad es la de definir la fuerza de las interacciones y la posibilidad de impacto de las mismas. Este pabellón posee la capacidad de albergar toda la potencia que necesita el movimiento para la expansión. Semejante proyecto no resulta en materialidad inmediata, resulta en tanto su afectación y posibilidades a futuro.
El vacío permite tomar impulso. Permite el salto a lo desconocido que habita en lo otro.