Cuando el arte es parasitario
Página/12. Martes 5 de marzo de 2013
Fabián Lebenglik

Cinco artistas jóvenes presentan una serie de trabajos en los que comienzan reflexionando sobre la relación compleja con el contexto y a partir de allí expanden los sentidos hacia la arquitectura, el arte, la historia.

Desde hace años los museos y las salas de exposiciones se han ido transformando y adecuando para dejar atrás la idea tradicional de ser reservorios de arte. El arte contemporáneo siempre genera tensión en relación con los espacios de exhibición. A esto se suma la aparición de espacios poco convencionales, permanentes, transitorios o virtuales para hacer muestras. De todos modos, por más flexibilidad que intenten, el peso de la historia sobre los lugares de exposición impone algún grado de neutralización sobre las obras de arte, porque su estructura, organización, concepción edilicia, etc. no puede cambiar a la misma velocidad que el arte.

Ningún espacio es neutro y menos los museos y salas de exposiciones. Arrastran consigo su institucionalidad (entres otras cosas). El contexto, las obras exhibidas, el montaje, la percepción e interpretación de los visitantes, sumado a distintas teorías de la cultura, el arte y la recepción, todo actúa para que, por más que una sala se adapte a los cambios, siempre sobrevienen otros, más veloces.

Por otra parte la ola de actualización de los museos, que muchas veces aparece como forzada por cuestiones económicas, siempre termina amansando el arte o transformándolo en espectáculo.

A lo largo de su historia los museos y los lugares de exhibición han tenido una relación cambiante y compleja con los artistas. Y aunque las cosas cambiaron (de repositorio, archivo y depósito) para intentar ser lugares inspiradores, el arte contemporáneo busca escapar de la cristalización que a pesar de todo supone el museo o la sala de exposiciones. El arte siempre, de manera continua, atraviesa fronteras, cambia, muta, se rehace, genera sus propias crisis.

El Pabellón de Bellas Artes de la UCA acaba de inaugurar la exposición Espacios parasitados, con curaduría de Rodrigo Alonso, que incluye obras de cinco artistas jóvenes: José Martín Arangoa, Agustín Fernández, Juan Gugger, Guido Ignatti y Leila Tschopp.

En su introducción sobre el sentido de la muestra, Alonso escribe: “El arte contemporáneo rechaza de múltiples maneras la sobredeterminación de este supuesto ámbito neutral. En lugar de acomodarse a sus imposiciones, prefiere intervenir sobre él, relativizarlo, ponerlo en entredicho, parasitarlo. A la indefinición de sus propiedades y coordenadas, opone su presencia disruptiva, situada, que puede referir tanto a su arquitectura, como a su situación político-social, como a su contexto geográfico o histórico, sin renunciar a su investigación formal, su propuesta visual y sus aperturas poéticas.

Las obras reunidas en esta exposición articulan diferentes espacialidades y contextos. Cada una, a su manera, contamina el recinto con una plasticidad y unos conceptos que nos llevan a proyectarnos más allá de sus límites materiales. Otras arquitecturas, otros lugares, otros ámbitos sociales y culturales se hacen presentes a través de ellas, para invitarnos a reflexionar sobre formas alternativas de ocupación y pensamiento espacial.”

Las pinturas de Leila Tschopp generan una ilusión de escenografía, de modificación del espacio, con una fuerte matriz geométrica. Así, los espacios de sus pinturas interactúan con el espacio de exposición. El efecto es de una articulación de espacios a partir de geometrías lúdicas y escenográficas. Al mismo tiempo, como puede verse en general en la obra de Tschopp, establece una genealogía con la historia del arte para poner en cuestión los espacios expositivos y enfocarse en la relación compleja entre obra, espacio, contexto y sala de exposiciones.

José Arangoa muestra un conjunto de collages que titula “Arquitecturas ficticias”, donde combina gráfica arquitectónica con textos, imágenes, líneas y grafismos en tinta, que irrumpen para mostrar el mundo del trabajo que subyace a esas construcciones; cuadros sinópticos que tipifican y problematizan situaciones laborales. En el contraste de imágenes se produce la tensión de aquello que por ser sucesivo y luego invisibilizado (el mundo del trabajo) aparece ahora de modo simultáneo con los resultados. Según aclara el curador: “Las piezas de la serie han sido pensadas como integrantes de un libro de artista, en el que los diferentes collages se conectan a través de ventanas abiertas sobre las superficies de los papeles. De esta forma, se genera una nueva arquitectura, virtual, que se prolonga a lo largo de las páginas”.

Agustín Fernández cruza en sus obras la historia de la arquitectura (una historia enclavada en la sociedad, la política, la economía) para construir extraños objetos que condensan, simbolizan o se explayan sobre estos cruces que en su obra resultan productivos. En las piezas más notorias, el artista construye complejos exhibidores que al mismo tiempo contienen en su forma el concepto que se desa-rrolla en las imágenes exhibidas.

En el caso de Guido Ignatti, según escribe Alonso: “Mediante el uso de materiales y técnicas que provienen tanto del universo formal del arte como de la construcción, genera piezas basadas en procedimientos como la parodia, el trompe-l’oeil y la simulación, que cuestionan la naturalidad de los objetos y sitios que ocupan. Así, un ambiente privado, íntimo, puede aparecer con la espectacularidad de lo escenográfico (Capturas en la rutina de alguien #1 y #2, 2011), o un elemento tosco y marginal –un embalaje aéreo– puede devenir elegante y estilizado (Caja ciega, 2010)”.

Con mucho humor, Juan Gugger construye lo que parece la maqueta de una torre de Puerto Madero (chanfleada, sí; pero podría haber sido maqueta de un edificio real si algunos emprendedores del “barrio” se lo hubiesen encargado a Frank Gehry). Aunque la unidad constructiva es en este caso una caja de pizza, que en conjunto hábilmente encolumnada, oficia de maqueta. De modo que estaríamos ante una nueva versión del estilo “pizza con champagne”, desde la perspectiva de este artista que establece una relación risueña con la historia del arte y la economía política.

Espacios parasitados, en el Pabellón de Bellas Artes de la UCA, Alicia Moreau de Justo 1300, hasta el 7 de abril. De martes a domingo, de 11 a 19 hs. Lunes cerrado. Entrada gratuita.