El arte de la diferencia
Laura Isola
Perfil, 4 de marzo de 2012

Si miro lo que está inmediatamente enfrente de mí, veo: una planta que cuelga de un pared empapelada y enmohecida; un boca de caballo escondida entre manchas; los triángulos bicolor, perfectos en su simetría; los destellos plateados y dorados; las líneas rectas; la superficie espejada; una gallina; un retrato; un paisaje.
La lista debería seguir hasta dar un inventario aproximado del contenido de las obras de los siete artistas que forman Fuen7e, la muestra curada por M. S. Dansey, en la galería Lordi. Pero, es verdad que hacer una la lista, --¡qué placer!--, es ir por el camino contrario a lo que esta reunión parece proponer. La lista es un principio organizativo obsesivo y jerárquico. Mientras lo que aquí se respira es casi lo contrario. Una suerte de cadáver exquisito, a la manera surrealista, colgado de las paredes del espacio. Una estética que se va armando a fuerza de yuxtaposición de estilos, de técnicas, de uso del color y de apelación a distintas formas de imaginación. Porque la lista, nuevamente, es un ejercicio innecesario, ya que podría impedir que notemos que la diferencia es el verdadero nexo de unión entre ellos. Que no hay que rodearlos sino tocar lo visible para imaginar que hay por detrás. Pero hay que enseñarle al ojo a ver cosas distintas sin que pretenda buscar, doméstico y acostumbrado, las líneas que conectan las especulaciones y experimentos espaciales de Guido Ignatti con la serena armonía geométrica de los cuadros de Juan Giribaldi. Mientras que el primero oscila entre la naturaleza viva y la corrosión de los materiales; el segundo restablece un orden abstracto, puro y perfecto. A su vez, Ramiro Oller se tienta con la utilización de una variedad de materiales para alejarse de cierta convención pictórica abstracta, al tiempo que le hace un guiño, una cita, en la manera de enmarcar su obra.
En ese entrenamiento visual que toda experiencia promueve y la de Fuen7e, mucho más, la discrepancia adquiere la forma de diálogo. Entre las pinturas de Daniel Callori y Sebastián Garbrecht, los dos atentos a conmover el sustrato de la abstracción con ligeros coqueteos con lo figurativo. Similitudes y diferencias, continuidad y ruptura son pares insuficientes para dar cuenta de un experimento que se entrevé más como una ficción de contemporaneidad, como una hipótesis sobre qué significa “estar juntos” para un grupo de artistas que, --¿por naturaleza? ¿por oficio?--, resguarda como un tesoro su individualidad. A tal punto que en aquellos a los que la abstracción geométrica los impulsa a una semejanza, los trabajos de Dinenzon, Giribaldi y Matías Juan, tampoco se resignan a parecerse. Más bien, discurren sobre posibilidades, ajustes y alternativas. Por supuesto, que es posible la costura que suture el abismo entre las palabras y las imágenes. En cambio, creo, que el hallazgo de esta muestra colectiva es ver de qué modo la incomodidad de lo que no se parece, de lo que nada tiene que ver, redunda en la mirada.

La muestra puede visitarse de martes a viernes de 14 a 19 en la galería Lordi, Venezuela 617.