Doppelgángster
Revista La Fuga, edición impresa, 4 de enero de 2015

Guido Ignatti es un artista que construye obras ajustadas a los espacios designados, para luego generar un desajuste mediante estrategias de simulación que se develan en el mismo acto. Además, combina su obra con la gestión, producción, curaduría y crítica. Un hombre de varias caras, que muestra todas de una vez

Se te conoce bastante en el mundillo del arte.

Se podría decir. Siendo joven ya hice bastante y desde diferentes posiciones que se fueron encausando en ese mundillo al que haces referencia. Pero por suerte es mucho más lo que me queda por hacer. Porque no solo incursioné con mi obra sino también con mi trabajo como gestor cultural, productor, galerista (en un brevísimo tiempo) y como artista que desarrolla una labor crítica en un medio. Resulta que todo esto da infinitas posibilidades, es como una máquina que no para de producir obras y contenidos.

Y todas estas facetas conforman un solo personaje de varias caras. Es como un desorden de personalidad.

Espero que no. Porque no creo que sea algo tan peculiar hoy. Soy de una generación de artistas que estamos hechos un poco de todo y que fuimos avanzando sobre terrenos que no nos pertenecían. Quizá sea porque nos empoderamos en las faltas del sistema y tomamos ventaja. Los artistas de mi generación hacemos mucho. Para empezar las obras, luego proyectos donde exhibirlas o galerías no muy convencionales, también ejercemos la curaduría como una práctica innata y escribimos sobre las obras, hacemos prensa, nos vendemos bien solos…

Pero tenés una galería que te representa.

Sí, tengo galería. Decía vender el personaje, ese de varias caras. Jajaja. Algunos son buenos para vender su propia obra pero no es mi caso. Cuando pasé un tiempo a cargo de las ventas en Braga Menéndez lograba el cometido porque me interesaban mucho los artistas que representaba Florencia. La venta me salía naturalmente porque era obra de amigos talentosísimos que respetaba y de los cuales conocía bien la obra, pero no es lo mismo cuando uno se pone a sí mismo en ese lugar. Yo creo que la distancia es necesaria para lograr que cuaje el deseo en el otro. No es fácil encuadrarse, seleccionar lo mejor y mostrárselo al otro. Aunque se tenga todo muy pensado y ensayado, en ese momento las prioridades argumentativas son otras y todo lo que para uno es trascendental se vuelve muy difuso y vago para el otro.

¿Pero en el arte, todo no es muy difuso y vago?

No todo no. Mucho es difuso pero no todo es vago. Por un lado, la insistencia que caracteriza a nuestro trabajo es la que hace que la obra no sea vaga sino por el contrario consistente, potente. Pero la idea de especificidad es la que creo que ya no corre, ser un artista con un métier muy definido. Hoy es la versatilidad la que domina la escena. Esto es lo que planteamos hablar en la última mesa de la revista Sauna pero en relación a la crítica a partir del impacto de la web. En está época hay algo de la disolución de lo específico que se da por completo en lo relacionado al arte. Como los artistas estamos tan atravesados por otros conocimientos mundanos, es que resulta imposible encasillarnos como se solía hacer y en consecuencia es más difícil de definirnos hoy. No es posible lo específico cuando se trabaja con decenas de carpetas abiertas. Esa especie de producción encadenada y atravesada me parece que disuelve la idea de la definición específica.

¿Crees en un tipo de vanguardia actual?

Vanguardias y rupturas son algo muy de otra época. Estamos en un momento mucho más calmo en ese sentido, para nada agresivo con lo instalado. Una vanguardia era disruptiva, venía a romper con lo que la precedía. Hoy los artistas somos los que instalamos los modelos, parasitamos las instituciones y la modificamos desde adentro. El artista actual, casi me animo a decir, imposibilita la idea de una vanguardia como las del siglo XX, de crisis con lo instalado. El paradigma de lo revolucionario ha cambiado. Aunque lo difícil, y es porque estamos sumergidos hasta el cuello en la época que habitamos, es que no sabemos bien que es lo que estamos construyendo. Quizá porque no tenemos distancia o porque es algo intangible.

Este parece ser un signo de la época.

Si, la construcción desde lo inmaterial. Obra que es un modelo de conducta, o el resultado de una situación relacional. Obra que es una idea, una palabra o un simple bit. También desde hace años que se edita constantemente la producción cultural de la humanidad entera, vivimos revisando todo lo hecho en el pasado. Lo asimilamos y le damos otra forma. Se lo pone en contexto nuevamente para devolverlo al mundo. La edición es una forma de pensamiento bastante contemporánea.

¿Tus dos muestras actuales hablan de esto?

Si bien mi obra es muy matérica, siempre esta hablando de cosas que no lo son. Se siente el trabajo físico, casi te diría que de modo muy pregnante, pero siempre haciendo alusión a otra situación que no es material. Revelando por oposición. Es difícil hablar de esto porque la obra, para mi, no es el objeto en la sala sino lo que termina de constituirse entre los objetos que dispongo, la sala que ocupan y el espectador como catalizador del tiempo. Esto es algo que resulta difícil de definir. Formalmente se podría decir que son estrategias de simulación y extrañamiento resueltas con materiales sencillos. Pero el elemento clave de esta última producción es la luz, natural y artificial, que es un canal fundamental para entablar relación con la idea de tiempo.

Algo de esto pasa claramente en la muestra de Rosario, diferente de lo que sucede en la muestra de Buenos Aires.

Luz de día que es una muestra que hice específicamente para la sala siete del MACRO con la idea de lograr que el tiempo este presente en la sala. Abrimos las ventanas que estaban escondidas tras el durlock, para tapiarlas nuevamente con piezas que permiten que la luz natural ingrese. La luz y el río se cuelan en la sala, eso es algo muy lindo de ver. La muestra es simple y permite múltiples interpretaciones. Pero lo mas fascinante para mi es que, según el horario y las condiciones climáticas, la muestra cambia, se mueve. Pensé el proyecto para la hora de la puesta de sol, cuando se produce un gradiente entre la luz natural y artificial que atraviesa la obra. Aunque debo decir que es genial lo que pasa en las situaciones azarosas que el clima propone.
En cambio, en Lo mismo, su eco, su sombra la relación con el tiempo es diferente. Hay una fuerte idea de permanencia, de algún modo es la representación de un tiempo detenido. Hay obras que sugieren una luz que parece venir del exterior pero que no lo hace. Y hay un grupo de proyecciones estáticas que se apoyan en la misma idea. Todo está quieto. Y el contexto, las salitas ornamentadísimas de la fundación Osde, lleva todo a un terreno literario bastante denso. Como un escenario vacío que espera la llegada de los actores. Las salas siempre me interesaron por la historia que acarrean, no puedo separarlas de la obra cuando pienso una muestra para ellas. Es como pensar en librar a los objetos de su identidad. De la real o de la que les imaginamos. Siendo que es imposible discernir entre ambas.

Revista La Fuga
ph: Soledad Allami