Tecnologías del tiempo

“Les voy a contar una historia inventada, pero podría ser cierta. A partir de documentos ficticios, pero que también podrían haber sido reales.” Con estas palabras Walid Raad (The Atlas Group) suele comenzar sus conferencias/performances, donde narra el proyecto de una fundación ficticia, iniciada en 1999 con el objetivo de documentar la guerra civil del Líbano. Comprobar si ese estudio minucioso, llevado a cabo a través de una documentación falsa que coincide de manera exacta con la realidad, es verídico, resulta muy poco atractivo. En todo caso, es la efectividad de su verosimilitud la que puede otorgar mayor relieve y facilitar nuevas preguntas. Del lado de lo indiscernible el arte actual arroja sus mejores cartas. Puede ser un pase de ilusionistas, una trama construida entre ocultamientos, ficciones y porciones siamesas de realidad aquella que obliga a abandonar toda recepción horizontal. Sugiriendo un modo mucho más escurridizo e inestable de lectura, donde la verticalidad o las diagonales, empiezan a resultar patrones de orientación. Nada de homogeneización tampoco en el tipo de relato costumbrista abierto por Juan Tessi. Un tipo de proyecto expandido, aún en proceso, que se inicia con el descubrimiento de cierto legado epistolar y en la posibilidad de hacer coincidir la propia biografía con las que contienen, entre cientos de objetos, unas caobas talladas. Con la membresía personal, el carnet de baile, la lista de pasajeros o la tarjeta de visita fascinando hasta marear. Pero aquí están estos objetos, acompañando cada interior intoxicado de confort, horarios de entretenimientos y tareas asignadas, como auténticos portadores de anhelos. Por capas, entre la autobiografía encubierta, a través de las rutinas casi edénicas de un entorno familiar de ficción, y la historiografía caprichosa de cierto recorte burgués, Tessi construye su trama. Y lo hace apelando a una memoria de lo imaginado, un ensamblaje idéntico a estos muebles apilados como los recortes de un anticuario insaciable o porque ya no hay más espacio en la sala y ¡tenemos que estar rodeados de ellos! Diversos grupos de recuerdos individuales y los objetos que acompañan a la más atractiva de las falsificaciones se exponen como un“ars memorie”, esa figura popularizada en el Renacimiento que ensalzaba la belleza de toda ruina porque dejaba “perpetuar la actualización de un instante recordado”. La maquinaria de gestos de fin del siglo XIX y deseos encapsulados de Tessi se proyecta como una cacofonía. No hay anécdota que valga, todas se pronuncian a la vez. La familia como utilería, el limbo de los niños victorianos, los ritos de pasaje, la pérdida, la acumulación como estilo o el bordado, aparecen más para inventar un presente, en el que las acciones están sucediendo, que para reinstalar una época.
¿Una ficción histórica? Para nada. Lo que aquí se pone en juego es una superposición temporal que permite -reinterpretar pequeñas anécdotas familiares hasta que la brecha entre generaciones desaparezca-. Estas imágenes nos cuentan tan poco, porque las acciones parecen suceder en tiempo presente, pero también haberlo hecho ya o hacerlo en un futuro.
Como muchos artistas Tessi mira hacia atrás, no sólo para dar rienda suelta a una “nostalgia residual” sino también para proyectarse en un presente. De ahí que sea la memoria la que conduzca el relato. Lo sabemos: la memoria opera por “reproducción imaginativa” pero también por construcción, entonces nombrar como timón de recuerdos y proyecciones algunas de las escenas idílicas pintadas por John Singer Sargent, Thomas Eakins o Henry Scott Tuke no hace más que ubicar geográficamente al capricho. Porque nada más caprichoso que lograr trasladar una arquitectura de tradición, como por ejemplo ese remanente de colonia británica llamado Hurlingham, fundada a mediados del siglo XIX por unos residentes ingleses en el Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, con el que Tessi nombra al primero de su serie de videos Playlist.
Un work in progress con los que intenta compilar 9 covers melódicos de temas house (Frankie Knuckles, Cece Rogers o Funky Green Dogs: sí estamos ya en ¡1990!) pero con arreglos casi eclesiásticos. Así, en el Hurlingham de Tessi, tres hermanas cantan baladas románticas de amores truncos, pasiones y despedidas. Avocadas a los roles asignados para entretener los días, tocan el piano o bordan interpretando una perdida que aún no ha acontecido. La melancolía actúa por adelantado y la práctica artística de Tessi invierte el olvido, escenificando en cada desplazamiento los diálogos que unos sujetos establecen con el mundo de objetos, al que aspiran pertenecer. Por eso a la familia de Juana Echeverría Vda. de Temesle encantaría recibir este consejo y a Tessi seguramente pintarlo: “De nuestros lejanos viajes nos gusta traer recuerdos. Pero antes de añadir estos tesoros al interior de nuestra valija, debemos proteger sus contornos. Empieza por hendir en dos partes, para que la tapa y el fondo coincidan, una caja de madera de álamo, fácil de calar y resistente a las deformaciones. Sobre la madera, dentro y fuera, pega una tela de algodón, luego el cuero. Lección inaugural: tres materiales diferentes proporcionan más solidez que tres capas de la misma materia. En las esquinas, las juntas de cuero podrían volverse vulnerables. Con el triple objetivo de ocultar, juntar y reforzar coloca unas piezas añadidas. La futura esquina puede ser redonda o decagonal y se la cose con un hilo de lino de tres cabos encerado para conseguir una solidez a prueba de golpes. ¡En marcha! El mundo es bello como una valija nueva.” (Le Monde D’Hermès, Primavera-Verano 2009)

Mariano Mayer

(obra: Coronal)