El pasado, con la alocada forma de la vanguardia
Por: Ana Martínez Quijano

La muestra «La familia de Juana Echeverría» de Juan Tessi reflexiona sobre el peso del presente en el ayer

La galería Braga Menéndez presenta en estos días una exposición de Juan Tessi, uno de los excelentes pintores surgidos en esta última década, que puso su oficio al servicio de sus ficciones. Tessi estudió y se formó en una de las comunidades inglesas que alberga nuestro país y, en ese escenario construyó un relato, a partir de unas cartas que brindan título a la exhibición: «La familia de Juana Echeverría Vda. de Temes muy agradecida».
Con el punto de vista de un observador distante, Tessi reflexiona sobre los vaivenes estéticos y económicos de la Argentina cosmopolita, el país al que hace más de un siglo llegaban los viajeros de Europa para cumplir su sueño americano. La muestra se inicia en una salita ambientada con unos sillones victorianos, ubicados frente a una mesita también victoriana donde el espectador puede sentarse para ver la video -performance «PlayList».
En la pantalla, las figuras de tres jóvenes se recortan contra un ventanal con vista a un jardín, una de ellas está sentada al piano y, sus acompañantes, con gesto disciplinado, leen la partitura y cantan canciones que evocan las melodías de los himnos religiosos. Si bien la idílica escena -con los vestidos largos color marfil y otros detalles de época, recrea los finales del siglo XIX, el texto de Mariano Mayer que acompaña la muestra, aclara que las composiciones de esta video instalación se basan en arreglos de música «dance» de los años 90.
La muestra se completa con tres series de pinturas de diferente carácter. En algunas imágenes,
Tessi vuelve el tiempo atrás, pinta los orígenes de esa colonia británica de Hurligham, y abruptamente las confronta con el presente. De este modo, los elegantes muebles de estilo de ayer aparecen hoy apilados unos sobre otros, como esculturas de inspiración dadaísta, y reunidos sobre una mesa en alegre montón hay un verdadero mix de objetos decorativos, tal como se ofrecen a la venta en las casas de subastas.
El descuido de los objetos que conformaron nuestro pasado, es un tema conocido en la Argentina, país que durante la hiperinflación y las crisis que se sucedieron casi sin pausa, figuró entre los mayores exportadores de arte y antigüedades del mundo. Pero Tessi está lejos del discurso político, y el tema del vaciamiento de nuestros bienes patrimoniales, al ser tratado artísticamente, revela nuevas facetas que hasta ayer estaban ocultas. Facetas, que, por otra parte, van más allá de «dar rienda suelta a la nostalgia residual» que menciona el artista.
Aunque la exposición muestra el fin de una época, también refleja el brillo, el buen gusto, y la riqueza artística, espiritual e intelectual que imaginó el autor de la narración. Cualidades que están presentes en el esplendor ornamental de dos loros de porcelana de Meissen, en las pequeñas acuarelas que reproducen la chinoisserie que amaban los ingleses para combinar con sus muebles y, sobre todo, están presentes en una pequeña y deliciosa colección de pinturas.
El artista invitado Guido Ignatti parodió en un rincón de la sala, los dibujos de un antiguo empapelado, y sobre esa pared, Tessi colgó cuadros pertenecientes a un personaje imaginario pintados por él. En la colección hay una pintura que representa una mujer que lee reconcentrada una carta (dato que se asocia al título de la muestra); hay un hombre, un intelectual acaso, que trabaja en su escritorio alumbrado por la luz de unas velas; hay una escena donde una madre alimenta a su hijo, hay un niño en un jardín y también una joven vestida de blanco.
A la intensidad que adquiere el pasado, se contrapone la crudeza de la realidad más actual. Las canciones eclesiásticas están trastocadas, los muebles de estilo forman torres de equilibrio inestable, y una mesita Sheraton con sus coquetos regatones de bron-ce, tiene las patas para arriba.
Si se cotejan estas caóticas imágenes con los retazos de esas vidas cargadas de sensibilidad que transcurrían en medio de la belleza de sus casas bonitas, el balance no puede ser más penoso. ¿Cuáles son las implicancias del cambio de contexto, de ceder todo a un mercado que codicia el estilo? Una pintura de corte surrealista, un escritorio cruzado por un niño fantasmal, acaso sea un intento de representar una respuesta.
Tessi brinda en esta exposición una nueva prueba de su virtuosismo. Cuando pintaba escenas teatrales de violencia a la manera de American Psycho, jóvenes bellos y distinguidos vestidos con ropa de marca, supo eludir la obviedad. Ahora descubre una historia que cala hondo en el corazón del espectador, porque habla de un pasado compartido por gran parte de los argentinos.

(obra: Coronal)